sábado, 6 de junio de 2009

Pedro II

Ella alargó un brazo para alcanzar un bolígrafo tirado encima de la mesa de café, se volvió a recostar y le cogió a él una mano por el envés. Empezó a dibujar una especie de enredadera con hojas minúsculas alrededor de la palma de su mano, de forma rítmica y sinuosa. Cuando terminó abrió bien la mano para admirar su obra y pasó un dedo suavemente por enmedio de la palma, como dibujando la enredadera que faltaba. Echó la cabeza hacia atrás, y suspiró levemente. Le miró y le ofreció el bolígrafo mostrando una expresión serena y de satisfacción que parecía decir: “ a ver qué haces tú”.

Él tomó el bolígrafo, respiró hondo y cerró los ojos unos cinco segundos mientras contenía la respiración. Este tiempo se lo tomó para encontrar un estado en que pudiese hacer exactamente lo que quería hacer. O desde otro punto de vista, para que hiciese lo que hiciese, esto significase un despliegue y fluir de su yo, hacia ella. Hiciese lo que hiciese. Decidió cogerle la mano izquierda y escribir lo siguiente:

Con esta mano terrrrible, puedes congelar mi piel y mis huesos. Con solo rozarme...

Se dio cuenta de que una mano da para pocas frases, así que terminó haciendo unos garabatillos mientras decía con voz baja lo que hubiese querido escribir:

...y con un solo golpe de voz, hacer que se desmenuce mi cuerpo rígido y se esparza por el suelo.

Acto seguido cogió la otra mano y escribió:

Con esta mano tan tan cálida, puedes recomponerme y llenarme de luz anaranjada.

_Reconfortarme. Dijo

_¿Por qué no me abrazas y dejamos de mancharnos las manos como tontos? . Dijo ella levantándole la cabeza lentamente haciendo palanca con su nariz contra su barbilla, para así dejar sus ojos perfectamente alineados y sin defensas.

_Estamos ya abrazados, creo yo.

_Que va, más bien estamos acomodados uno sobre el otro. Aquí no se mueve ni un músculo.

La besó suavemente.

_Sigue sin ser un abrazo. No te enteras.

_Ahora viene lo demás.

_No te pases que te congelo.

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